La IGLESIA fue edificada por orden del Cardenal Antonio Barberini, capuchino. Su hermano, el Papa Urbano VIII° Barberini, bendijo y colocó la primera piedra el 4 de octubre, fiesta de san Francisco, del año 1626 y celebró la primera misa el 8 de septiembre de 1630. El diseño de la iglesia es del arquitecto pontificio Miguel de Bérgamo (+1641) fraile capuchino, que dirigió incluso las obras y dejó una memoria detallada de las mismas.
Es la primera iglesia romana dedicada "A Dios en honor de la Inmaculada Concepción de la Beata Virgen Maria". Está regida por los frailes menores capuchinos, ese grupo de franciscanos que viven en el contiguo convento reedificado entre el 1928 y el 1933, después de que fue derribado el de 1631, para abrir el actual en la calle Vittorio Véneto y para construir el Ministerio de las Corporaciones, como fue llamado en aquel entonces.
Se accede a la iglesia a través de una escalera a tijera sobra la que se puede admirar la fachada de ladrillo, con pilastros de piedra blanca, repartida en dos niveles superpuestos. En el nivel inferior se abre la puerta, que tiene encima un tímpano triangular y dos pequeñas ventanas; en el nivel superior una gran ventana con dintel curvilíneo, dominada por un tímpano con ventanilla ovalada.
Como todas las iglesias de los capuchinos, es de una única nave central con capillas laterales un poco elevadas y cerradas con unas verjas de madera. Solamente EL ALTAR CENTRAL fue construido de mármol, por voluntad de Urbano VIII Barberini, cuyo escudo se encuentra a la base de las dos columnas. Una pared divide el presbiterio del coro en la parte de atrás, que tiene tres filas de asientos con una especie de mostrador por delante, del 1739.
LA BÓVEDA DE LA IGLESIA es de cañón con la Asunción de Liborio Coccetti (+1728) en el centro. A los dos lados del arco del presbiterio los cuadros de san Francisco y santa Clara, pintados por el capuchino Pablo Piazza (Cosmo de Castelfranco Véneto, +1620).
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En las capillas laterales están enterrados: el primer santo capuchino, Feliz de Cantalice (+1587) y varios frailes muertos en olor de santidad, entre los cuales -en la primera capilla a la derecha- el famoso fraile de la TV, Padre Mariano de Turín (+1972), del que está introduccida la Causa de beatificación.
El SUELO está cubierto de lápidas funerarias, la primera al centro cerca de las gradas del altar principal, es la del Cardenal Antonio Barberini, fundador de la iglesia y del convento, que dictó él mismo las palabras para la lápida de su tumba: Hic iacet pulvis cinis et nihil (aquí yace polvo, ceniza y nada). La única tumba de un cierto valor monumental es la del Príncipe Alejandro Sobieski (+1714) hijo de Juan III, el vencedor de los turcos en Viena, de Camilo Rusconi (+1728).