de LOS
CAPUCHINOS Iglesia de la Inmaculada Convento de
capuchinos, Via V. Veneto, 27 - Roma
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| En 1631 los frailes capuchinos - así se les llama a estos franciscanos, por el capucho que lleva su hábito - dejaron el convento de san Buenaventura en el Quirinal y se trasladaron a este nuevo del que sólo quedan la Iglesia y el cementerio que está debajo, donde fueron transportados y colocados los restos de los religiosos difuntos. |
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Los huesos fueron colocados en un cierto orden, en 5
salas, unidas entre sí por una larga galería de unos 60
metros, jalonada por lámparas que cuelgan del techo, unidas a
una estrella. Restauraciones posteriores, hasta 1870,
transformaron este lugar de sepultura, de oración y reflexión
para los capuchinos que a él bajaban cada tarde antes de ir a
descansar, en una obra de arte, tal y como ahora la podemos
contemplar. |
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1. Cripta de la Resurrección
En la pared del fondo los
distintos elementos del esqueleto humano forman el marco en el
que va encuadrado el lienzo que representa a Jesús cuando
ordena a Lázaro salir vivo del sepulcro: la fe cristiana en la
resurrección es la clave interpretativa de esta obra de arte
característica de un cementerio. |
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2. Capilla para la Misa
Es la única sala en la que no se
ven huesos ya que en ella se dice la misa para que los
difuntos se libren de los sufrimientos del purgatorio y
lleguen al Paraíso como se ve en el retablo en el que María
con el Niño parece invitar a san Félix de Cantalicio y a san
Francisco de Asís (a la izquierda), san Antonio de Padua y un
ángel (a la derecha), a librar las almas del fuego. En el muro
de la izquierda se conserva, por voluntad propia, el corazón
de María Felipe Peretti (+1656), tataranieta de Sixto V, que
era muy devota de los capuchinos. |
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3. Cripta de las calaveras
En el tímpano de la hornacina
central destaca una clepsidra alada formada con huesos
omoplatos. En las paredes laterales se encuentran dos
capuchinos tendidos en actitud de descanso dentro de
hornacinas de forma curvilínea. En el centro de la bóveda hay
tres elementos decorativos preciosos, entre los que destaca la
esfera adornada con flores. De la bóveda del pasillo cuelga
una lámpara de una estrella de ocho puntas. La bóveda del
pasillo enriquece la clave interpretativa con un elemento
nuevo: el cráneo con los omoplatos que le sirven de alas.
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4. Cripta de los huesos de la
"pelvis"
En las paredes laterales dos
capuchinos descansan dulcemente bajo un arcosolio. La pared
del fondo semeja a tres hornacinas con capuchinos con la
cabeza inclinada hacia adelante: los dos de los laterales
están bajo un arco en ruinas; el del centro bajo un gran
baldaquino de huesos de la pelvis de los que cuelga un friso
de vértebras. El rosetón central de la bóveda está formado por
siete omoplatos adornados con vértebras. La decoración termina
en los laterales con cruces que llevan los instrumentos de la
pasión de Cristo: la lanza y la esponja en la punta de una
lanza. |
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5. Cripta de las tibias y de
los fémur
Las paredes laterales tienen
cuatro hornacinas en cada parte con capuchinos de pie y
vestidos con el hábito. En la pared del fondo, el bloque
central es una composición rica y caprichosa: sobre la pared,
en la parte superior, hay una cruz dentro de un círculo;
debajo, el escudo franciscano (el brazo desnudo de Cristo y el
brazo vestido de san Francisco de Asís), con una corona
encima. En el suelo hay 18 cruces indicando otras tantas
sepulturas. La cornisa oval central de la bóveda tiene un
círculo adornado con mandíbulas y dos grandes flores laterales
realizadas a base de huesos omoplatos y adornos de vértebras
que cuelgan. La bóveda del pasillo tiene tres estrellas de
ocho puntas; de la del centro cuelga una pesada lámpara.
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6. Cripta de los seis
esqueletos
Los dos pequeños esqueletos de la
pared del fondo sostienen con una mano un cráneo alado. En el
centro de la bóveda hay un esqueleto muy fino, metido en una
almendra, símbolo de la nueva vida. Con la mano derecha
sostiene una guadaña símbolo de la muerte que siega a todos
como la hierba del campo; y con la mano izquierda sostiene una
balanza, símbolo de las obras buenas y malas valoradas por
Dios al juzgar el alma. La bóveda del pasillo es muy rica y
variada: cuatro pequeñas estrellas de cinco `puntas rodean la
gran estrella de ocho puntas de la que cuelga la lámpara. En
el muro opuesto a la puerta destaca un reloj con una esfera
única para indicar que la vida continúa en la eternidad.
Texto de Rinaldo Cordovani,
Traducciòn de Alfonso Ramirez Peralbo,
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"Alabado seas mi Señor,
por nuestra hermana muerte corporal,
de la que ningún ser viviente puede escapar.
¡Ay de los que mueren en pecado mortal!
¡Dichosos los que mueren en tu santísima voluntad,
porque de ti ¡oh Altísimo! serán coronados"
(San Francisco de Asís).
NB - Para adquirir la
guía completa dirigirse al guardián. Horario: 9-12; 15-18.
Jueves cerrado.
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