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Sobre la puerta izquierda

Antonio Alberti (1603-1649), Retrato del card. Antonio Barberini

Oleo sobre lienzo, cm. 280x200

El Alberti ejecutó los dos retratos, (de Urbano VIII° Barberini -sobre la puerta derecha- y de su hermano el cardenal Antonio), entre el 1631 y el 1633, con una notoria influencia de los modelos del arte del retrato romano de los años Veinte y Treinta, marcados por los artistas Reni y Domenichino. Se halla cierta aridez en la ejecución, no obstante nos ofrece una perfecta definición psicológica del personaje dada por la mirada, evidente sobre todo en el retrato del Cardenal. El pintor lo ha retratado sentado, con la mano izquierda sujeta el gorro a cuatro puntas y la izquierda la apoya, como descansando, sobre el brazo de la silla. En un recuadro a su izquierda, desde un balcón se ve la iglesia y parte del convento que él mismo mandó construir; a su izquierda, pendiente de la mesa, los planos de la construcción, que, en el margen inferior, reproduce la firma del arquitecto, fr. Michele de Bérgamo.

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Dos a la derecha y dos a la izquierda

Los cuatro evangelistas

Fueron donados por Giacomo Domenichini de Bolonia a los capuchinos, con acta notarial del 1 de agosto de 1642. Según esta acta, los autores son los cuatro boloñeses: San Juan, pintado por Lionello Espada (1572-1622), San Lucas por Lucio Massari (1569-1633), San Marcos por Alessandro Tiarini (1577-1668), San Mateo por Guido Reni (1575-1642); en cuanto a éste último, los críticos no parecen ponerse de acuerdo sobre quién pueda ser su autor. La figura de San Mateo, 2° en la parte derecha, tiene claras referencias al famoso Miguel Angel, por su pose "plebeya": la diagonal formada por los hombros, por la cabeza marcadamente senil y por el brazo extendido para escribir, se ve acentuada por los reflejos de luz sobre el rollo. La figura infunde una autoridad tal, que parece atemorizar al mismo ángel que más que el inspirador, parece un humilde colaborador


Pared izquierda, al fondo

GirolamoJerónimo Siciolante de Sermoneta (1521-1575), La Anunciación de la Virgen Maria

L'Oleo en lienzo sobrepuesto sobre tabla, cm. 270x182

La obra está firmada por el autor con fecha 1571; él mismo, en una carta del 19 de enero de 1574 escribe a Bonifacio Caetani que los capuchinos (seguramente se refería a los del convento de San Buenaventura en el Quirinal), no querían este cuadro porque era "demasiado lujoso" y “mandan hacer otro más barato y más práctico, porque, dicen, su religión no busca suntuosidades". En un principio estuvo en la tercera capilla, a la derecha, dónde ahora está el cuadro del Domenichino. La Virgen y el arcángel han sido representados dentro de un ambiente doméstico, dónde por una puerta se ve el escorzo de una ciudad al atardecer. Dios Padre en medio de una fila de ángeles, junto al Espíritu Santo en forma de paloma, iluminan desde lo alto la escena. Los angelitos han sido realizados sin tener en cuenta ningún esquema formal y, si es que esta parte no ha sido retocada, ciertamente no ha sido ejecutada por el Siciolante. La perspectiva es frontal, marcada aún más por las líneas del suelo que convergen todas hacia el fondo.


Pared derecha, al fondo

Marcos Pino de Siena, 1525 - 1586,
“Noli me tangere”, “No me toques”
Oleo sobre lienzo, cm. 200x160

El lienzo, hasta el año 1966 atribuido al Siciolante, presenta características inusuales en las obras del Sermoneta: la calidad cromática no es típica del pintor; en efecto no es característica suya el uso en los vestidos del azul y del morado pálido y el empleo sea del marrón oscuro que del verde en el paisaje. Los rasgos faciales (con cejas tupidas, ojos muy grandes, labios inferiores gruesos) y las expresiones emotivas no hacen pensar precisamente al Siciolante, sino más bien a la realización de Marcos Pino en Santa María de Araceli. El mismo paisaje, tan importante y fundamental en las obras del Sermoneta, tiene aquí un papel secundario. Otro detalle interesante es el movimiento de los brazos, que se cruzan, encurvándose, como todo el cuerpo de Cristo Resucitado, sin encontrarse, aunque, mirándolo bien, el gesto de Cristo denota una cierta ternura.



Retablo del altar

Terenzio Terenzi (+1621), La Asunción de la Virgen María al cielo
Oleo sobre lienzo, cm. 450x320

La Virgen, en un círculo de nubes y ángeles, tiene los ojos vueltos hacia el semicírculo formado por los santos y los devotos: san Miguel (Miguel Peretti, príncipe de Venafro), santa Margarita (la princesa Margarita de Peretti), san Francisco representado por el pequeño Francisco Peretti Montalto, san Buenaventura. El lienzo, mandado hacer, quizás, por el Card. Alejandro Peretti Montalto en 1606 como retablo del altar del viejo convento de San Buenaventura, fue después transladado aquí “con todo el adorno hecho de madera de nogal con dos columnas", que llevan impreso sobre las bases el escudo gentilicio.


Michelangelo Merisi da Caravaggio (?) (1571-1610), San Francisco en meditación
Oleo sobre lienzo, cm. 130x98

La atribución de esta obra al Caravaggio es objeto de investigación por parte de los críticos de arte. El cuadro fue traído aquí desde el anterior convento de San Buenaventura en el Quirinale, pintado, quizás, en 1603. El rostro está abstraído en contemplación serena de la “hermana muerte", como la llamaba san Francisco, que tiene la calavera entre sus manos, casi con ternura. La esencialidad en el uso de naturaleza y objetos -la cruz, la calavera y un trébol dibujado en la parte inferior- subraya la absoluta interioridad de la figura, completamente revestida de rayos de luz que la hacen emerger de la oscuridad total. El vestido zurcido y la desnuda roca, son propios del espíritu de pobreza, que caracteriza a los capuchinos, para quienes ha sido realizado este cuadro.

Rinaldo Cordovani