Quinta capilla

Andrés Sacchi, San Buenaventura que venera a la Virgen María

Oleo sobre lienzo, cm 210x325

El lienzo fue realizado por Sacchi durante los años 1635-1636 por encargo del cardenal Antonio Barberini en 1631. Parece que el artista haya iniciado la composición de este cuadro antes de dejar el Norte Italia en 1635, dando plena libertad al pintor Felipe Gagliardini para que, durante su ausencia, realizara la ambientación del mismo. A su regreso a Roma, el Cardenal le metía una cierta prisa para que terminara pronto el lienzo, dado que el resto de las obras pictóricas ya estaban colocadas en la iglesia; por lo tanto Sacchi se preocupó sólo de pintar las figuras principales, los angelitos y los personajes accesorios. Ésto explica la diferencia de calidad en la disposición arquitectónica interna, entre éste y los otros retablos de altar realizados por Sacchi. La perspectiva a túnel de la bóveda distrae los ojos de las figuras, que, a su vez, tienen muy poco que ver con la ambientación general. El santo, con el alba, la estola y la capa pluvial, inciensa el altar, sobre el que está apoyada la mitra episcopal; un ángel sujeta el pastoral y hurga en el calderín del incienso. Encima del altar, en una nube, La Virgen aparece en sencillo peinado, sujetando al Niño que a su vez está mirando al santo. Toda la escena está tomada desde una perspectiva de abajo hacia arriba.

Cuarta capilla

Autor desconocido, s. XIX, Virgen de la Esperanza
Oleo sobre lienzo,cm 100X80

El lienzo representa a Maria sentada sobre una nube. Con el pie izquierdo aplasta la serpiente que se alarga amenazadora hacia los marineros. Con la mano izquierda sujeta al Niño que tiene un ancla en la mano y lo enseña a las personas que están en el barco en un mar agitado. Una estrella y la inscripción "Maria spes nostra, salve", explican el significado de la obra, de relativo interés artístico pero de un gran testimonio devocional..


Tercera capilla

Andrés Camassei, La Piedad
Oleo sobre lienzo, cm. 200x235

La obra fue encargada por el príncipe Taddeo Barberini para esta iglesia a Camassei y realizada en el año 1631. La pintura está basada sobre un modelo arcaico, que recuerda mucho las obras de Sebastián del Piombo hasta en la forma del cuerpo, doblado para dentro, en el azul del manto de la Madre. La figura de Maria con los ojos elevados al cielo, denotan una cierta influencia manierista. En fondo, a lo lejos, contra un cielo borrascoso, la cruz se recorta en un claror de luz nocturna.


Segunda capilla

Alejandro Turchi, San Feliz de Cantalice recibe el Niño de brazos de la Virgen
Oleo sobre lienzo, cm. 200x235

El cuadro fue realizado en los años 1629-1630 para esta iglesia, encargado por los Berberini. El cuerpo de san Feliz fue traído hasta aquí desde el antiguo convento, situado en las inmediaciones de la Fuente de Trevi, el 27 de abril de 1631 y depuesto dentro del sarcófago de mármol protegido por una caja de plomo y otra de madera. El Santo está representado de rodillas mientras recibe el Niño Jesús de manos de la Virgen. Ella, con los pies apoyados sobre una nube, tiene el vestido de estilo "orbettesco" color "rojizo" y los bordes del manto se los sujetan dos ángeles. Una fuente de luz hace resplandecer el perfil y el vestido de la Virgen, mientras el rostro del santo está iluminado por la mística luminosidad del cuerpo del Niño, que le acaricia la barba. Numerosos elementos pictóricos hacen pensar que el artista haya tenido presente el retablo de altar, que ahora se encuentra en el convento de los capuchinos de Ronciglione (VT), realizado por fray Simple de Verona con ocasión de la beatificación del santo, que tuvo lugar el 10 de noviembre de 1625.


Primera capilla

Pedro Berrettini de Cortona, San Pablo curado por Ananías
Oleo sobre lienzo, cm. 230x325

El cuadro, encargado por el cardenal Francisco Barberini, protector del artista, fue ejecutado en el año 1631. La impostación compositiva de la pintura nos lleva a la cumbre de madurez del artista. La presencia, en perspectiva, de las columnas clásicas, del templo redondo que se entreve en segundo plano, la atención minuciosa a los detalles de los adornos rebuscados y de las decoraciones, son expresión de la fase pictórica de Cortona, en la que la cultura clásica se transforma en riqueza de imágenes y en un movimiento armónico. La luz, descendiendo desde la nube en la que aparece el Espíritu Santo en forma de paloma, se irradia uniformemente, haciendo destacar aún más la distribución de los diversos planos de la composición. Éste tiene su centro precisamente en el movimiento circular dado por los brazos extendidos de los dos personajes protagonistas del milagro.