Primera capilla

a. Guido Reni, San Miguel Arcángel

Oleo sobre seda, cm. 225x320

Il dipintoLa pintura le fue encargada al artista por el Card. Antonio Barberini, con ocasión de la decoración de la iglesia. El lienzo fue pintado por el artista en Bolonia, antes del 1636, sobre un soporte de "ormesino" de seda, considerada por él como "más resistente"; años más tarde fue transladada aquí. Actualmente se encuentra en el mismo lugar donde la colocaron cuando la trajeron. La figura del Arcángel está colocada diagonalmente sobre la superficie del cuadro, con las extremidades superiores y las inferiores en perfecto equilibrio. El brazo derecho lo tiene levantado en acto de blandir la espada, con la que traza una trayectoria imaginaria que termina en el pie izquierdo, con el que aplasta la cabeza del demonio, ya vencido. El autor se inspiró en el libro del Apocalipsis de San Juan, 20,1-3. Lo más probable es que el tema del cuadro se lo propusiera el mismo Cardenal teniendo en cuenta la devoción que san Francisco había sentido siempre por el Arcángel San Miguel.


b. Gerardo de las Noches, (Gerrit van Honthorst), Cristo escarnecido

Oleo sobre lienzo, cm. 195x250

Es casi seguro que la obra fue donada a la iglesia por el Cardenal capuchino Ludovico Micara de Frascati (+1847). El autor, en éste, como en otros cuadros, quiso arreglar un poco la oscuridad que caracteriza al Caravaggio, introduciendo en sus obras una vela o antorcha, y utilizándola como única fuente de luz. En una escena nocturna el hecho de introducir la luz de una antorcha, hace que el centro de la misma sea más clara y por lo tanto mejor iluminada, mientras que el resto de la composición queda como en la penumbra. Por este hecho, que se repite con frecuencia, al autor se le empezó a conocer con el apodo de Gerardo de las “Noches”. Los personajes, con rostro befardo y burlón, están vestidos de pajes y uno de soldado. Hay un fuerte movimiento circular hacia la derecha, donde se encuentra Cristo, iluminado por los rayos de la luz de la antorcha. Los tres cuadros que se encuentran en Santa María en Aquiro sobre la Pasión de Cristo, pintados por Honthorst en el periodo romano, forman una unidad con éste de la iglesia de la Inmaculada.


Segunda capilla

a. Mario Balassi, La Transfiguración. .
Olio su tela, Oleo sobre lienzo, cm. 220x320

El lienzo lo encargó Taddeo Barberini para la capilla de familia en San Andrés del Valle como una copia de la Transfiguración de Rafael en la Basílica Vaticana. En realidad la obra de Balassi tiene solamente algunos matices del lienzo homónimo de Rafael, como por ejemplo, el Cristo resplandeciente por encima de los apóstoles. El apóstol Juan se protege de la luz con el brazo, mientras que el brazo levantado de Pedro, dado la vuelta, forma un círculo ideal completado por el manto de Santiago. A un lado de Cristo transfigurado se encuentra Moisés con las tablas de la Ley y al otro, el profeta Elías.


b. Juan Lanfranco, El Nacimiento de Jesús

Oleo sobre lienzo cm. 220x350

El lienzo, encargado por el Cardenal Antonio Barberini, capuchino, se lo pagó al artista de dos veces: la primera el 1 de marzo de 1631 aportando 75 escudos y la segunda el 18 de septiembre del mismo año, otros 175 escudos. El autor se inspiró en la "Noche" de Correggio: la cálida luz toca apenas las figuras, sacándolas de la sombra. El Niño irradia una luz directa sobre María (jovencísima) y sobre los dos angelitos más cercanos y, a lo lejos, sobre san José y sobre los pastores, uno de los cuales, el que tiene la pierna descubierta, se protege los ojos del resplandor del Niño con la mano levantada. En la parte superior, irradian la misma luz los tres angelitos en actitud de adoración, suspendidos sobre el arco de la cueva, que se abre sobre un cielo nocturno con reflejos rojizos. Un personaje con una luminosidad y un rostro ambiguos se interpone, a la derecha, entre los dos grupos, el del cielo y el de la tierra


Terza capilla

a. a. Domenichino (Domingo Zampieri), San Francisco recibe los estigmas

Oleo sobre lienzo, cm. 200x325

El Domenichino realizó el lienzo para esta iglesia de los capuchinos poco antes de establecerse en Nápoles, 1630, como ex-voto por haber sido curado de una grave enfermedad. Al principio fue colocado sobre una de las paredes del altar mayor; entre el 1777 y el 1786 fue translada a la tercera capilla de la derecha y, para colocarla como retablo de altar, se le añadieron, como se ve, 44 cm. de ancho y 68 cm. de alto. La sensibilidad del artista mitiga la impresión que puede provocar el tema sagrado, y lo hace por medio de contrastes: con el modo de levantar los brazos en forma de arco y el impulso en diagonal de la figura del santo, con la expresión de los dos rostros, uno tranquilo y sereno y el otro de gran dolor. Y por último, mientras las alas del ángel apuntan hacia el cielo, la hechura tan real de las plumas lo atan a la tierra. Entre tanto, a lo lejos relampaguea una inminente tempestad, cuyo relámpago unifica las cosas como si fueran de la misma naturaleza.

 


b. Domenichino (Domingo Zampieri), Éxtasis de san Francisco

Fresco traído del claustro del convento anterior, cm. 235x170

El fresco le fue encargado al Domenichino desde que empezó a construirse el convento. El cuerpo del santo yace en total abandono con la cabeza apoyada de lado sobre el brazo izquierdo y los ojos abiertos dirigidos hacia el cielo, en las manos y en los pies se ven las señales de los estigmas. Una nube ocupa la cumbre del entorno arquitectónico, con pilares laterales a arcada abierta sobre una naturaleza de cálidos colores otoñales. La perspectiva es casi frontal, profunda y luminosa: los planos siguientes están recalcados por dos figuras de frailes, uno de los cuales tiene un gesto de estupor, mientras el otro, ajeno a cuanto le rodea, está absorto en su lectura.


Cuarta capilla

Baccio Ciarpi, Baccio Ciarpi, La oración de Jesús en el huerto

Oleo sobre lienzo, cm. 210x325

El cuadro se lo encargó al artista el Cardenal Francisco Barberini, quizás por sugerencia de Pedro de Cortona. El cardenal pagó por él 150 escudos. En esta obra el pintor fue aún capaz de elaborar, de forma decorosa, sus buenas cualidades al margen de la pintura barroca. Sin tener en cuenta el lánguido fervor de Cristo en oración, la continuidad acogedora de la luz nocturna, que se extiende sobre los apóstoles dormidos, posándose sobre las manos y sobre el pelo, conserva sin embrago la dulzura penetrante del mundo figurativo de Ciarpi, antes de que las nuevas tendencias pictóricas obligaran a este artista a retirarse


Quinta capilla
Andrea Sacchi, Andrés Sacchi, San Antonio de Padua resucita a un muerto

Oleo sobre lienzo, cm. 290x200

La obra fue encargada a autor por el Cardenal Antonio Barberini y fue realizada entre el 1631 y el 1636. El lienzo fue considerado "admirable" por los contemporáneos. Sacchi, desde el punto de vista iconográfico, se inspira en las realizaciones anteriores del mismo tema, de las que tomó la postura del santo y la del hombre resucitado. En el retablo, en el que la escena es de escorzo, parece como si el espectador mirara sobre los hombros de otro espectador mejor colocado. La comparación con una copia autógrafa de esta pintura, hace pensar que una parte del cielo en el paisaje y el resto del primer plano, podrían haber sido repintados y los bordes readaptados por los cuatro lados.


Retablo del Altar Mayor

Santiago Bombelli, La Inmaculada Concepción

Oleo sobre lienzo, cm. 350x200

El retablo, pintado en el año 1814, reemplaza al de Lanfranco, destruído por el incendio del 1813, durante la ocupación francesa de Roma. La Virgen -sobre la que desciende desde lo alto el Espíritu Santo en forma de paloma- está representada como la "Mujer vestida de sol", con los pies apoyados sobre la luna, rodeada por grupos de ángeles. La corona de doce estrellas, de plata, está aplicada directamente sobre el lienzo. Restos del lienzo original de Lanfranco (dos grupos de ángeles) se encuentran en la sacristía.